Miguel Sánchez Robles, ganador del Premio Internacional de Novela “Javier Tomeo”, de la URJC, analiza su obra

“La Literatura sirve para soportar la verdad y para llorar a través de ella nuestra propia vida” Miguel Sánchez Robles, ganador del Premio Internacional de Novela “Javier Tomeo”, de la URJC, analiza su obra.

Miguel Sánchez Robles acaba de publicar “Corazones de cordero”, obra con la que ha obtenido el Premio Internacional de Novela “Javier Tomeo” de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), elegida entre más de seiscientas novelas presentadas en esta sexta edición del certamen. Este autor nacido en 1957 en Caravaca de la Cruz (Murcia), es catedrático de Geografía e Historia en un instituto de su ciudad y lleva publicadas numerosas obras y obtenido muchos de los premios literarios más prestigiosos de España.

¿Por qué escribe?

Escribo contra la horrible estupidez del mundo. Cuando lo pienso, me doy cuenta de que no he hecho otra cosa siempre más que eso: escribir en una dirección determinada, igual que lo haría un atleta, asumiendo que un escritor es alguien que fija la atención en el núcleo decisivo. Entonces, si lo pienso más, si estoy solo y voy andando por el monte o en bicicleta por uno de esos trayectos llenos de naturaleza que hay en los alrededores de Caravaca de la Cruz, descubro también que escribir es un camino de conocimiento y que la Literatura sirve para soportar la verdad y para llorar a través de ella nuestra propia vida, nuestro propio desamparo, nuestro propio nacer para la muerte. Por supuesto, uno, cuando escribe, no se sienta delante de un papel en blanco o de una pantalla encendida y dice: “Venga voy a escribir para que la verdad no me mate” o “Venga voy a escribir contra la muerte”. Lo hace por una necesidad interior que lo impulsa, con un deseo de mirar el mundo con una luz no usada o algo así, con una urgencia de ajustar cuentas con la realidad.

¿Cuándo escribe?

Escribir es una actividad deliciosamente solitaria y bajo ciertas condiciones de sensibilidad. Yo escribo por las tardes, solo, sin música y con las ventanas abiertas y las persianas muy subidas. Pero en realidad también escribo mientras vivo, mientras paseo, mientras charlo con los amigos o con mis alumnos, mientras veo una película o me tomo un Martini. A veces tomo notas en servilletas de papel o en trozos de folio que me guardo en el bolsillo de atrás de mi pantalón vaquero. Escribir es también utilizar una atención extrema. A veces muchas de las cosas que te ocurren en un día confluyen de manera sorprendente en el corpus textual de lo que estás escribiendo.

¿Qué prefiere prosa o poesía?

Yo prefiero “prosía”. Debería utilizarse también ese género. Soy incapaz de leer para entretenerme o escribir para entretenerme o entretener a alguien. Si me dijeran que un libro mío “entretiene”, me sentiría defraudado, devaluado. Prefiero no tener lectores a entretener a alguien. Es mejor llenar que entretener. Y en ese sentido la poesía siempre es más que la prosa. En la poesía hallas y descubres palabras que te acompañan toda tu vida.

¿Cuál es su libro preferido o su autor preferido?

Alguien que lea mucho no puede tener un libro preferido, ni un ranking sobre ello. Alguien que haya leído mucho y venerado la Literatura jamás se prestaría a dar una respuesta de ese tipo.

¿De qué trata “Corazones de cordero”?

No sabría decir exactamente de qué va mi novela. Tampoco me atrevo a realizar un juicio de valor sobre ella. Sé por qué la escribí, pero poco más. La escribí porque me pareció necesario contar esa historia, esa asimetría entre dos seres que se sienten fuera del mundo y que anhelan algo muy poderoso y bello que la vida no da, casi nunca da. La escribí porque me pareció una historia llena de verdades pequeñas y de humildad auténtica. Una historia que explica ciertas cosas pocas veces tratadas en los argumentos clásicos.

¿Qué supuso ganar este premio?

Me reconcilió un poco con esa parte de mí que se niega a tener esperanza en la cultura actual o a creer en nada. Ganar entre más de seiscientas novelas presentadas te alienta mucho y te ayuda a seguir en ese camino de conocimiento que supone escribir como lo haría un atleta. Ganar un premio siempre produce además esa alegría que significa haber encontrado en el camino gente que comparte contigo algo común que importa y que trasciende.

Y para terminar, ¿qué piensa del panorama literario actual?

Hay una literatura de consumo, comercial, y otra literatura de creación que genera historia de la literatura o que debería generarla. Gana rotundamente la primera. Se está perdiendo un tipo de lector de calidad, insobornable, individual, comprometido con el conocimiento y la verdad. Ese tipo de lector está siendo expulsado de todos los ámbitos de la cultura. Ya es marginal. En extinción. Creo también que estamos asistiendo a la muerte del pensamiento y que, a la par, incluso nos hemos dado cuenta de la gran mascarada del vacío reinante en las poses sagradas de nuestro pasado cultural. Es un fenómeno muy complejo. Difícil de entender ahora mismo. Se necesita perspectiva. Siempre son malos tiempos para la lírica. Siempre ha ocurrido esa victoria de lo fácil, ese triunfo constante de lo inane. Aunque hoy, más que nunca, es necesario devolverle al lenguaje la dignidad y la magia que le han quitado la mercadotecnia y la política.

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